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Moleskine´s fools

miércoles 25 de enero de 2012

Graffitis y osos de peluche.



Ahi en Goodge Street, justo cuando sales hay una plaza, un café Nero y un graffiti y el otro día un tipo con anorak rojo dándole de comer a las palomas.

Estábamos ahí de paso, comprando un oso de peluche en el Pollocks Toy Museum, que mayormente es una tienda con juguetes vintage y old fashion... vamos como con los que casi que jugaba yo. Una tienda muy maja para hacer regalos con un toque de personalidad, ya sea para uno que acaba de nacer o que no esté lo suficientemente crecido como para ser adicto ya a las consolas, los teléfonos o los Ipad, hay varias cosas que incluso podrían servir como elementos de decoración, ¿o no molaría un elefante de madera y rueda de colores como pisapapeles?

Y luego o antes del peluche, no lo recuerdo, el graffiti. Ahí en la ladera de todo un edificio, algo ya gastado, con esa película pálida como cuando los carteles de los helados no los remplazaba el panadero y se quedaban así, como vahídos.

Yo que no soy muy amante de los museos y de la pintura descontextualizada y cosificada ahí a la vista de tres mil turistas al día, los grafitis me flipan porque además de que puedan ser bonitos, rompedores, impactantes, equilibrados, oscuros o lo que fuera, se pliegan con el entorno y se convierten en un elemento más del paisaje, enriqueciéndolo. Por supuesto hablo de graffitis graffitis, no esas firmas más pintadas que sólo entiende el que las hizo y sólo le gustan a la novia del que lo hizo que se piensa que su macho es muy cool por disfrazar su firma con aerosoles y lo que está haciendo no es más que lo que hacen los gatos y perros cuando mean por las esquinas: marcando un territorio. El graffiti en cambio no marca el territorio, sino que lo amplia. Es una ventana en un trozo de pared a otro universo.

Luego me terminé el café, dejé de mirar por aquella ventana y me metí en el metro. Había un niño, Camil, que todavía no sabe lo que es un teléfono, una consola o un ipad y al que creímos que le haría falta un oso de peluche. Quizás Camil mañana sea un graffitero y dibuje nuevos universos, y eso es lo que me flipa de los bebes, sentir como una cosa tan pequeña podría ser tantas cosas...



martes 17 de enero de 2012

El mechero que se acabó



Hice la foto del mechero porque este es el primer mechero que recuerde que he conseguido agotar. La vida generalmente está marcada por acontecimientos mucho más llamativos, pero adheridos a ellos están los momentos genuinos.

Así como el día que naciste es un día importante, el día genuino es el día en que tu madre y tu padre se dieron un revolcón y te concibieron. Así como el día en que te casas es en el que todo el mundo se engalana y lo celebra, el genuino es cuando supiste que querías que aquellos ojos siempre te sostuvieran. El momento crucial se produce cuando al final consigues el trabajo que anhelabas, el genuino cuando te das cuenta que el trabajo lo que hace es alimentar tu vida.

Para mí comprar un mechero y conseguir que no me lo roben, no perderlo, no romperlo o regalarlo y que me intente encender un cigarrillo mientras espero el bus a la salida del trabajo y este diga "hasta aquí hemos llegado" supuso un momento de incalculable valor. Si soy capaz de agotar un mechero, de atesorarlo hasta que se acabe, siendo como yo mismo soy, ahora sé que puedo emprender cualquier propósito en la vida; que todo es posible y que la clave del éxito está en conducirme como lo hice con el mechero.

El secreto está en darle el justo valor a las cosas, y las cosas todas tienen un justo valor y ese valor está intimamente determinado por un detalle del que a veces rehuimos. Y el detalle, de geométrica elegancia, es el de que las cosas se acaban.

Gracias mechero, por hacerme verlo.

miércoles 4 de enero de 2012

2011



Esta entrada es por mi amiga Natalia, que sigue en Polonia plantándole cara a la vida. En un correo va y me dice que lo que le encanta de esto de las navidades son los resúmenes esos de lo mejor o más importante del año, en política, en cine, en música, etc.

Pues nada, yo hice mi lista propia... 11 items por los años del milenio que acaban de pasar.

Bye bye 2011!!!!

1. La mejor película (best movie):
Drive

Mira que habré visto películas este año, pero sin lugar a dudas este cuento con final amargo, película cruel y tierna, con cuatro o cinco escenas que hacen que se te pongan los vellos de punta, es sin lugar a dudas de la que mas he disfrutado. Así han de ser las películas de acción: directas, crudas, estéticas y con poco diálogo.

2. La mejor compra (best shopping): Risk 2210 A.D.

No es que sea mucho de ir a las tiendas, de hecho, me toca los cojones. Compro poco y suelo comprar cosas que me gustan mucho, pero entre los libros, el kindle, el backgammon, un chaleco y poca cosa más que he ido adquiriendo este año me quedo con el juego de los daditos. Ya hemos echado siete u ocho partidas y cada día me gusta más. Suelo jugar con las rojas.

3. La mejor conversación (best chat): Una con mi hermana por skipe.

Mi hermana es también mi amiga y gracias a unas sabias palabras suyas encontré un camino que todavía estoy recorriendo. Conversar es uno de los mayores placeres de la vida y completamente gratis, y sin tener que ir a ninguna tienda.

4. El mejor partido (best match): Barça 4-Santos 0

Debería ser alguno de los muchos clásicos que hubo en el 2011, incluso como madridista debería elegir el de la final de la copa del Rey, o el único que vi en directo en Wembley, pero para ser justos, tumbado en la cama, por la mañana vi un partido que hizo que el futbol pareciera arte y aunque el Barça es el enemigo, al rey lo que es del rey.

5. La mejor comida (best meal): Riverside Studios

Los Riverside Studios son un cine, galería de arte y sala de exhibiciones además de un bar y un restaurante. En el verano, en manga corta y con un sol de justicia me tomé en su terraza o una hamburguesa o un fish and chips; vamos que la comida fue lo de menos, lo que lo hizo especial fue el ambiente y la compañía.

6. La mayor responsabilidad (biggest responsability): Camarógrafo en la boda de guirilandia.

El Jorge va y se casa y no le da por otro lado que dejarme la cámara para que el evento se estampe en la posteridad. Ahí que voy yo y no grabo los discursos porque batería no hay más que una y porque en las películas los discursos se hacen en la cena y no en el pisquilabis, cohones. Todavía el mundo entero está esperando el montaje.

7. El mejor libro (best book):
One Day de David Nicholls.

A pesar de los Stark y Targaryen, de Alta Fidelidad de Hornby, de la sobrevalorada triología sueca de misterio de la chica tatuada, me quedo con One Day, suscribiendo todo lo que ya dije en su día.

8. El mejor viaje (best trip): La tumba de Marx

A pesar de que Edimburgo es muy bonito y Copenhagen un poco menos, que Sitges mola y Barcelona sigue estando igual de guapa, a pesar de que Sevilla es la ostia puta en verso, el mejor viaje de este año fue a zona 4, en el mismo Londres.

9. El sueño incumplido (undone dream):
El puto corto

No veas, todavía sigue ahí y algún día se acabará... digo yo.

10. La mejor lección (a lesson learned): "Nunca es demasiado tarde para ser lo que podrías haber sido"; o en el inglés original: "it´s never too late to be what you might have been".

Me lo enseño George Elliot mientras esperaba el bus 27 a la salida del trabajo. A ver si me la aplico, sea cual sea la cosa que yo debiera haber sido.

11. Lo mejor del año (the best of the year):
Mucho donde elegir afortunadamente. Por quedarnos con algo, diremos que los últimos días del año, con la piruja de mi hermana, el bueno de mi cuñao, la Martita y el tipo grande, la escolta de la Meritxell y con la rubia de la Maree.

jueves 29 de diciembre de 2011

Busca las 7 diferencias.


De una foto a otra hay como unos quince años... y es que en estas Navidades me he dado cuenta cómo de rápido pasa el puto tiempo.

No mucho más que contar, sólo eso, que el tiempo se va escabullendo.

Y bueno, lo de siete diferencias es porque había que titularlo de alguna manera, porque en realidad hay quinientas.

Pd: menos mal que me quité el pendiente.

miércoles 21 de diciembre de 2011

Cafe Fiori en Leicester Square.



En Navidad todos los españolitos que estamos buscándonos la vida en London intentamos regresar a comer el turrón en nuestra tierra. Y los que están hartos de turrón en nuestra tierra se vienen para London a pasar unos días y a visitar el Big Ben, la Noria, el British Museum, Covent Garden y bueno, esos diez sitios imprescindibles en las que todas las guías al uso se ponen de acuerdo.

Quizás alguna de ellas recomiende el Cafe Fiori, no voy a investigarlo. Pero si estás harto de dar vueltas, tienes los pies hinchados, la cámara pesa con las diez mil fotos que jamás vas a volver a ver después de subir siete al facebook, has comprado ya el te británico que viene de Sri Lanka metido en un autobús de hojalata o la taza con el "Mind the gap" y te entra hambre, y ya estás hasta el culo del McDonals el Burguer King o el Pret a Manger y quieres un bocata güeno, güeno, como el de filetes de pollo empanao, vete al Cafe Fiori, que está justo al lado de la estación de Leicester Square. Más centrico imposible. Cumple la sagrada regla de las tres "B": Bueno, bonito y barato.

Y si quieres ya que la sagrada regla de las tres "B" se convierta en la sagradísima de la ostia puta regla de las tres "B"... sólo tienes que salir de juerga por el centro, dejar que un tipo te convezca para ir a un club entrando presuntamente más barato regalándote un chupito de licor del malo, intentar una aproximación simiesca a la bandada de guiris morconas con minifaldas o a la jauría de british despeinados de nariz respingona y que luego tras gastarte lo más grande es cubatas en lo que en vez de echarles el alcohol sólo se lo enseñan y ya cuando estés vagando por las calles en zig zag, sin saber qué demonios de autobús tomar para regresar a ese inmundo B&B donde las magdalenas duras de por la mañana te han jodido un diente y el estómago hace acto de presencia con su "aquí estoy yo, come o muere"... entonces ve al Fiori y pídete el bocadillo de filete de pollo empanao. Y si sigues estas directrices te aseguro que será la mayor experiencia culinaria que hayas vivido en Londres.

PD: La foto no es del cafe Fiori, sino del estado en el que debes estar para que ese bocadillo te sepa a gloria.




In this post I´m only suggesting a place to get a delicious sandwich for the Spaniards who are coming to London to spend a few days visiting the highlights that every guide says you can not miss. After a day shooting pictures, walking around or a night dancing, trying to flirt and drinking, Cafe Fiori´s sandwich can save your life.

viernes 16 de diciembre de 2011

150 interconectados.



Estoy leyendo en el libro "The Tipping Point" que en lo concerniente a las relaciones humanas el 150 es un número sumamente importante.

Resulta que si un grupo supera esa cantidad, las relaciones entre sus distintos miembros se deterioran, vuelven frías, la gente empieza a no conocerse, se generan subgrupos, las enemistades, problemas y malentendidos son mucho más arduos de gestionar y bueno todo lo que ello conlleva y que podéis imaginar.

Londres es una ciudad de unos nueve millones de habitantes, millón arriba o abajo.

Las deducciones os las dejo a ustedes mismos.

A uno esta ciudad le puede parecer fría, vertiginosa, inhumana. Y es completamente cierto. Ayer en el metro por ejemplo una abuelita se subió al vagón y preguntaba si aquella línea la llevaba hacia no sé donde. Por unos diez segundos nadie la contestó, delegábamos en el de al lado el coñazo de tener que repetir a la abuelita tres o cuatro veces que sí o que no, demorando el esfuerzo de tener que averiguar si la estación a la que la señora se refería estaba en el display justo arriba de nuestras cabezas. Finalmente la de al lado empezó a proferir sonidos, el de enfrente acertó a decir que sí, pero la de mi izquierda dijo que no, la abuelita estaba hecha un lío, un joven se levantó y señaló en el display que efectivamente la estación estaba allí y que la abuelita estaba en el tren correcto, otro se levantó y la ayudó a sentarse y no sé muy bien cómo todos rompimos a reír por el desorden que la ochentona había introducido en nuestro vagón.

Por lo tanto, Londres como megalópolis es fría, vertiginosa y inhumana.... los primeros diez segundos. Los diez segundos de confusión de que un completo desconocido de distinta raza, credo, edad y condición te pregunte por una dirección, pida ayuda, o cualquiera de los motivos por lo que un extraño se podría dirigir a ti.

Y por es tan importante ese artilugio de no más diez centímetros que religiosamente todos atesoramos en nuestro bolsillo. Es por eso que en esta ciudad a cada poco ves a siete personas utilizándolo al mismo tiempo, mientras esperan, en le bus, en la cola del club, en el restaurante. El móvil subraya a los 150 de nuestro grupo allá donde estén, puede que alguno justo enfrente compartiendo nuestros espaguetis, o leyendo tragedias griegas con un biberón, puede que otro ande por Sri Lanka de luna de miel, o en Brasil haciendo negocios, o en Helsinki preparando una exposición de fotos, algunos pueden estar en Polonia peleando como jabatos, o en México apretándose los michelines para caber dentro de un traje, o por qué no en Lanzarote alimentando a unos perros ajenos o en Valencia esperando que lo manden para Madrid o en Madrid sujetando un micrófono, incluso es posible que haya alguno devanándose los sesos en Sevilla para que los muebles columna de su cocina sean menos profundos y así poder encajar el horno que utilizará una vez cada siete meses para hacer un plato incomestible. Y en mi caso, la mayoría todavía andan por Alcalá de los Panaderos, esperando hijos, estudiando opos, sacando a pasear a un perro pequeño al callejón del huerto, trabajando para Vodafone, superando trances como valientes, o sea más o menos haciendo sus vidas.

Facebook, twiter, whatsApp, Googletalk, messenger, skipe... son el adhesivo que mantienen pegados a nuestros 150, allá donde estén.

Y el móvil, hoy en día, es es el item que lo permite de una forma fácil, sencilla y deslocalizada. Así que con dos cojones, VIVA EL MOVIL Y LA MADRE QUE LO PARIÓ!!!



Nokia lanzó su nuevo periférico con un espectáculo 4D al que tuve la malafortuna de asistir, porque casi una hora de pie muerto de frío para ver ese minutito que tenéis ahí enfrente. Pero bueno, que sirva como homenaje.

Y gracias a uno de los 150, uno que ha ido a repoblar Zaragoza, ya que esta entrada la he escrito escuchando a Catpeople, su recomendación.

You know, when I was a teenager I hated mobiles... I guess for a guy who thought he was a grunge it wasn´t cool to want a mobile. Obviously he got it at the end. And since then he has always carried one. Now a days he doesn´t love it but he really thinks that it is the easiest way to keep in touch with the people he cares, in any time in any moment. So he has to surrender to reality and start thinking that becoming a mobile´s addicted is not so bad.

jueves 8 de diciembre de 2011

Salva al tigre.




En Londres resulta que te estás tomando un café helándote de frío porque te obligan a helarte de frío porque ya no se puede fumar dentro y te viene un tipo con un chubasquero naranja que dice "save the tiger" a darte la murga con que al tigre hay que salvarlo, que está muy jodido, y que si cuando te acabes el café por qué no mandas un mensaje a no sé donde con lo que donas no sé cuánto y te das de alta en no sé donde y le das tu email para no sé qué cosa y luego te unes a no sé que otra historia y cuando haces todo eso resulta que estás apadrinando a un tigre y lo salvas y todo. En y desde Londres puedes alimentar a niños en áfrica, contribuir en la investigación contra todos los cánceres que hayan sido alguna vez prescritos, salvar a todo bicho viviente que esté en peligro, ayudar a los sin techo y a los con techo pero sin dinero. La caridad aquí es una religión y hay empresas que ponen a vendedores en la calle que te ofrecen algo de buena conciencia a cambio de unos cuantos pounds y varios email molestos durante algún tiempo. Cuando te encuentres un chubasquero color chillón alguien te van a pedir algo de dinero telemático para que salves algo... yo lo hice una vez, contribuí a comprar una red mosquitera para salvar de la malaria a no sé que niño de áfrica que supongo que ya estaría alimentado; quizás sea una especie de pirámide caritativa, una recoge el dinero para alimentarlo y otro para que el mosquito no eche por tierra el trabajo de la primera. Ahora lo que me queda duda, es que si salvo al niño de la hambruna, lo salvo del mosquito, ayudando a salvar al tigre a lo mejor le estoy volviendo a poner en peligro. Quizás dentro de poco haya una charity (es el nombre que tienen estas organizaciones) con la que subvenciones un fusil para que el niño al que alimentaste y al que ayudaste a no pillar la malaria se defienda del tigre que salvaste. Total, habrá que terminar el trabajo, no vamos a salvar a los niños del hambre y la malaria para que se los coma el tigre. Entonces es cuando los tigres ya si que no sobreviven. Con los tigres fuera del mapa, ahora lo que tenemos son muchos adolescentes con fusiles, alimentados y sin malaria. Así que salvar al tigre se traduce en un montón de adolescentes de los paises que no dejamos que se desarrollen con armas y mucho tiempo libre; sanos como un roble. Y eso sin contar con las charities gubernamentales de los países pluridesarrollados que ya llevan años de ventaja solidaria inundando de armas esos países que no se acaban de desarrollar. Que al final no hay hambre, no hay malaria, no hay tigre, pero hay muchas armas. Entonces ahí. yo, apurando el café, decido. Corto la perolata del del chubasquero naranja y le increpo. Lo que tendría que haber es una charity para la proliferación de las armas de destrucción masivas y que se acabase ya de una puta vez con tó. El tipo se queda estupefacto y ya río y le digo que es coña, que no hombre, que los atajos nunca son buenos, que al final nos destruiremos pero total, para que darse prisa, que eso de la charity de la destrucción masiva era una gilipollez. El tipo da un paso para atrás. Yo dejo el vaso de plástico reciclable en la mesa, me levanto, me coloco la bufanda porque el frío no entiende de caridad, me pongo un cigarro en la boca y le digo la verdad: que no; que no tengo yo el día hoy para tigres.

Así que regateando al del tigre, y como no tenía ánimo de fotos, al final he encontrado ese tigre gracioso en la red y es el que he puesto.

Y bueno, por si a alguno le da por salvar al tigre. Aunque como el tigre que salves se coma al niño al que le compré la red... atente a las consecuencias...

Ok, Even me don´t know what the hell I was talking about. I guess about charities who ask you some money and support to save tigers, whales, kids, and whatever... but I think in spanish my thoughts are a bit more complicated, bizarre and stupids than in English. In English I´m much more settled. I was having a coffee and I saw one of these guys with colourfull raincoats asking to save the tiger. He even didn´t ask me... maybe I don´t looks like the kind of guy who leave some coins in charities but something happened that made me think a little. A girl that was passing by said something to him: Sorry I don´t need this kind of sales, thank you.

jueves 1 de diciembre de 2011

La huelga de la squeezed middle

Salgo de dar las clases de español y me encuentro con esto.



Llego a casa e indago. Dos millones de trabajadores del sector público -que no quiere decir que todos sean funcionarios- han salido a la calle con pancartas, silvatos, consignas y canciones.

Es la squeezed middle la que está protestando. La que según no se qué estudio tras diez años de austeridad, el periodo de tiempo que comprenderá del 2006 hasta el 2016, van a tener unos ingresos menores que los de los catorce años precedentes. O algo así. Vamos hablando en plata: que nos empobrecemos. Que la Universidad cuesta más pasta, que las tarifas energéticas suben a cada poco, y que dentro de no mucho habrá que pagar al de la bata blanca de turno para que te recete algo de paracetamol por el resfriado que has cogido por no haber podido pagar la calefacción.

Hay mucha gente en el planeta, cada vez menos recursos... la ecuación es bien sencilla. Pero en vez de racionalizar y emprender medidas que repercutan el mayor bienestar para el mayor número, en una dosificación de los recursos planificada para que sobrevivamos como ente planetario de una forma digna, con nosotros y nuestro entorno; en vez de eso un ejército de miles de soplagaitas, tiburones, cortos de miras, perezosos o directamente hijosdeputa son los que nos dirigen desde los parlamentos o desde esas fotificaciones aéreas que son los rascacielos.

Pero los culpables somos nosotros. Vaya por delante.

Y aunque salir a la calle con pitos y pancartas sea a lo mínimo un acto simbólico (ya sea en esta huelga, o en el 15M, o en las que vengan) queda todavía mucho camino por delante.

Y para mi la clave consiste en cambiar una cosa.

La actitud.

Porque todos esos que salen y pitan y vociferan y cantan y gritan y reclaman y protestan todavía están mil millones de veces mejor que la mayoría de los que viven en este planeta.

I came up with this strike yesterday. This was their issues . And my thought is quite simple. Hard times are coming, very hard ones, and I guess nothing is gonna change with strikes, songs, whistles or banners, a very tiny thing but very important have to change: the attitude. Yes guys, don´t forget that despite your cuts you quality of life is one millions times better than the rest of the planet, so... I think it could be a start fighting for a better and fairer world instead fighting to be able to save the payment of a paracetamol tablet. Blame politics and the economic world for making a bullshit world not to cut your pension.



jueves 24 de noviembre de 2011

Cuando los genios ladran.



La mesera abrió la puerta buscando vasos vacíos, pero aún algo de cerveza les quedaba a las pintas. Eras sobre las siete, un lunes 21 de Noviembre, en la terraza trasera de un pub en cuyo letrero de entrada se leía la formula: E = mc2. Un genio de la física ese Einstein y un genio de las letras y la música era al que nos disponíamos a ver en cuanto acabásemos ese buchito de cerveza que impidió a la mesera hacer su trabajo.

Es ese que mal se ve a la derecha de la foto, con un sombrero gris.

Mariano nos advirtió que no esperásemos un derroche de voz, que el hombre con sus setenta tacos pues que hacía lo que podía, y más que cantar ladraba.

Y eso fue exactamente lo que hizo, ladrar. Ladrar a lo rockabilly. Incluso haciendo casi irreconocible "like a rolling stone"

Pero es un genio, un tipo que ha alimentado de música a varias generaciones, susurrado cien historias como la de aquél Huracán al que el racismo, la envidia y los prejuicios encerraron entre rejas, un tipo al que casi matan cuando tomó una guitarra eléctrica, un gachí al que las modas le resbalan, porque él sabe que va siempre unos pasos por delante, un autor que ha sabido sobrevivir a toda una era sin dejar de ser un punto anacrónico. Ahora ladra, pero es un genio, y los genios se les perdona incluso hasta le edad.

Al principio fue Mark Knopfler a lo folk con una banda repleta de buenos músicos, de esos que tocan bien el órgano, la flauta, el violín y un puñado de guitarras raras. Pero la cosa se ponía caliente porque el genio no salía y ya hacía una hora que el señor Knopfler arañaba su stratocaster. Se hizo un poco de rogar pero al final allí se plantó, escorado, sin ocupar el centro, una travesura digna un tipo que sabe que da igual la posición que ocupe porque es él quién lo va a llenar todo.

Y así se desplegaron dos horitas más de música, dónde apenas pude adivinar un par de canciones, con ese cabezón que tenía delante balanceándose al pulso de la música, y la cincuentona al costado a la que le brillaban los ojos como a una quinceañera, a un señor de pelo blanco a la izquierda que a cada rato le contaba una anécdota al que sería su hijo, un tipo bastante más mayor que yo; por no hablar de la rubia pálida veinteañera con chaleco de lana de siete colores que silbaba atronándome a cada final de canción. Fue toda una experiencia.

He querido ir a un concierto suyo desde que les birlé a mis padres un viejo cassete en cuya portada estaba pintado el retrato de un tipo a lo Matisse y que escuché en mi primer walkman sonny.

Ya lo tengo en mi currículum.

Un lunes, después de una pinta, fui a ver a Bob Dylan.

A un genio que ahora ladra.

I was in a big gig last monday. Bob Dylan and Mark Knopfler. I was a bit disappointed because he didn´t sing "the times they are A-changin" one of my favourites songs ever. At least he went for "like a rolling stone". It was in Apollo Hammersmith, so, when it finished I have just walk 10 minutes to reach home. It was cool see Bob Dylan only 10 minutes far from our home. And now I can put it in my CV. I was in a Bob Dylan gig!!!!

sábado 19 de noviembre de 2011

Una noche jugando al risk 2210 hablando de Wembley, la Roja y la Distric Line.



Mañana curro, uno aquí tira los dados de ataque, el otro se defiende. Yo estoy como Napoleón en Waterloo, aunque lo que quería conquistar era la luna, y hacerme el dueño de los territorios submarinos... pero aquí ando esperando a que el ejército negro me aniquile y así poder escribir esta entrada tranquilamente. Acabo de sacar dos cincos seguidos, pero en la tercera ha sacado un seis y me ha fulminado. Bye bye Oceanía.

Voy a perder (aunque todavía queda una infimísima oportunidad volcar la balanza en el último momento... ya os diré al final de la entrada si los astros se conjugan)

Y al igual que en este tablero repleto de ejércitos acudí a Wembley el sábado pasado a deleitarme con veintidos soldados luchando en un tapiz verde.

Ya sé que no es hora, porque las noticias en el mundo de hoy no duran ni el tiempo que se emplean en que aparezcan y de antemano asumo que no sólo es inactual, sino un punto absurdo comentar un partido amistoso de fútbol una semana después de de que el esférico dejase de rodar por el césped; más cuándo en el fútbol cada tres horas hay siete noticias.

No obstante, es hoy y sólo hoy, siete días después, cuando se me ha ocurrido una plausible explicación. La explicación que podría contestar a la pregunta: ¿Cómo pudo España perder aquel partido?

Y es que la mejor selección del mundo, sin lugar a dudas ninguna, la que despliega el juego no sólo más efectivo sino el más hermoso, perdió aquel partido por la misma razón por la que hoy me he tomado el café de mala manera, no he disfrutado el cigarro y he ganado menos propinas.

Un segundo, ahora continuo, que me toca regorganizarme, atacar y rogar por esa ínfima oportunidad que todavía colea.

Ha sido rápido. Creo que Oceanía nunca volverá a ser mía.

Bueno, continuamos. Normalmente todas las mañana me suelo levantar una hora y media antes de trabajar. El tiempo está calculado. Cinco horas de desperazamiento, quince de ducha, cinco de vestirme y otros cinco de recoletar las cosas que necesite, meterlas en la mochila. Diez minutos hasta Ravenscourt Park. Unos tres minutos esperando el metro. Seis minutos hasta Earls Court. Cinco minutos de nuevo esperando en enlace y otros diez hasta Notting Hill. Unos cinco hasta salir del subterráneo. Eso me deja una media hora. Voy al Nero, pido mi doble expreso take away y hago que me estampen mi tarjeta de fidelidad; salgo a la terraza y si está ocupada al banco que está enfrente del Waterstone, preferiblemente el del medio que tiene una balda suelta y suele estar desocupado. Me fumo mi cigarrito. Cuando más o menos queda un cuarto de hora me voy al Pret y me pillo un bocadillo, casi siempre el de proscuito -jamón malo italiano-. Cruzo la calle engulléndolo. Entro en el curro, ficho, me cambio, me hago un te de ginger y justo tres minutos antes de contar el dinero y empezar la jornada me fumo otro cigarrito. En la puerta de afuera, tranquilito.

Esta es una rutina que se despliega con una maravillosa exactitud y de esa rutina depende el ánimo para el resto del día y del ánimo depende mi buen rollo con los clientes y de ese buen rollo dependen en gran parte mis propinas.

España no gana a Inglaterra tumbándola en todos los aspectos del juego por el mismo motivo por el que yo un día cualquiera no hago las propinas que debería hacer.

Por la puta Distric Line.

Levantarme una hora y media antes depende de mí, como ducharme en un cuarto de hora y no en veinte minutos, al igual que de mi voluntad pende el hecho que tarde en recorrer la distancia de mi casa al metro sólo diez minutos y no once, doce, o trece. Pero tu voluntad no importa una mierda si el trenecito de los cojones le da por no llegar; o lo último: por llegar como hoy a su hora, pero ya cuando estás montado y leyendo "el Beso de la mujer araña" el conductor diga que cambia de itinerario, te tengas que salir y esperar al siguiente, que tarda lo suyo. Con lo que la demora al salir del subterraneo es ya mayúscula, y ese día hay cola en la cafetería y se te olvida la estampita y no tienes encendedor y cuando llegas al Pret tu bocadillo no está y no hay ninguno que realmente te guste y el semáforo está en rojo y cuando alcanzas a abrir la puerta de la cocina te encuentras con que hay un jefe nuevo y no te puedes hacer, por lo tanto, el té de ginger. Así que al final apuras como puedes el sagrado cigarrito de antes de entrar tras haber preguntado a siete si tenían mechero. En la puerta de afuera, no tranquilito.

Claro, rota la rutina, corrompida su exactitud, ese día no haces propinas.

Pues eso mismo le pasó a la selección, ella es la misma, su identidad se quedó intacta, hizo el tici-taca, fue fiel a sus principios, no tiró mucho a puerta pero tiró más, suficiente diría yo; y ese día al igual que a la Distric uno cualquiera le da por no llegar o llegar tarde, ese día, al balón le dio por no entrar.

No hay que buscar culpables, no hubo errores de bulto, es un ejercicio vacuo analizar cada detalle para explicar por qué ese pase fue así, o por que no llegó ese defensa, o porque dió en el palo y no salió fuera.

Es sencillo, y mejor que lo aceptemos. En los partidos y en la vida, a veces los balones no entran y los metros no llegan.

Por cierto, al final el milagro ocurrió. Gané, como la foto de ahí abajo testifica y al señor que iba en cabeza se le ha quedado una cara de... (pongan ustedes el adjetivo) que no veas.

A ver, este es un risk tuneado, y esa es una tabla de resultados. La ficha roja, yo, no podía ser de otra manera, es la que al final se llevó el gato al agua (aunque he de admitir que aunque de rojo, jugando más a la italiana)

Y es que gracias a dios, a veces también, los trenes llegan y los balones entran.